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sábado, 3 de noviembre de 2007

Los pinos gemelos (leyenda Japonesa)





.... Esta es la leyenda de los pinos gemelos en el antiguo Fudoki de Hitachi: Érase una vez en Hitachi un joven sensible llamado Nasé, y una bella muchacha llamada Azé(1). Los dos eran famosos por su hermosura, que hacía que los demás habitantes del lugar les admirasen y envidiasen a la vez. Los dos jóvenes se enamoraron uno del otro y, una noche, con ocasión de la asamblea anual de los habitantes del poblado para el intercambio de de poemas, Nasé y Azé intercambiaron versos que expresaban su amor(2). Luego, dejaron a los demás y se adentraron por un bosque próximo a la costa. Allí hablaron de su amor toda la noche. Nadie más estaba cerca, pero los pinos interpretaron dulces melodías con sus agujas murmuradoras, y la pareja pasó la noche como en un dulce sueño.
....Cuando el día empezó a alborear sobre el océano y el crepúsculo matutino penetró en el pinar, los amantes se dieron cuenta por primera vez de que estaban muy lejos de sus hogares respectivos. Temieron volver al pueblo a causa de las insinuaciones de los demás jóvenes y la censura de los mayores a los que tendrían que enfrentarse. Así, desearon quedarse para siempre apartados del mundo. Se abrazaron y lloraron, y fueron metamorfoseados en dos pinos, entrelazados y rodeados por los otros árboles.


1. El nombre de Nasé podría significar Querido o No seas celoso. Otro nombre que se da a veces al hombre es Naka-samuta(el Campo Central del Frío). Azé puede significar Rastro o Querido mío, y otro nombre es Unakami-aze (¿El Rastro en el Mar?).

2. En el Japón antiguo, era igual en todas partes la costumbre de organizar esta reunión entre jóvenes de ambos sexos. Los poemas intercambiados entre Nasé y Azé son obscuros, aunque quieren decir: Yo, oh, Azé te adornaría como un pino joven con piezas de cáñamo colgadas de sus ramas, La respuesta: La marea alta puede ocultarte, OH, Nasé, pero desearía seguirte aunque fuese pasando sobre ochenta islotes y rocosidades. Por piezas de cáñamo colgadas, se refiere a un hechizo usado entre los jóvenes para unirse.


Leyenda sacada del libro de Mitología Japonesa de M.Anesaki

domingo, 7 de octubre de 2007

Huracan Hira (leyenda japonesa)







Es la historia del huracán(Huracán Hira), siendo Hira el nombre una cadena montañosa que se levanta sobre la costa occidental del lago Biwa, el mayor del Japón.

Tiempo muy atrás vivía allí un joven que era el encargado del faro instalado sobre un promontorio en el lado oriental del lago Biwa. Una bella doncella vivía en un pueblo situado al otro lado del lago. En cierta ocasión, la joven visitó el promontorio y vio al cuidador del faro. Ambos se enamoraron y convinieron en encontrarse por la noche para que nadie pudiese saberlo. A partir de aquel día, la doncella visitaba al joven todas las noches, cruzando el lago en una barquichuela. Tanto si en las noches sosegadas las olas reflejaban la luz de la luna, como si en la obscuridad el lago se mostraba rudo y colérico, la barca nunca dejó de llegar al promontorio porque la luz del faro la guiaba hasta el ser amado.

De esta manera pasó el verano y llego el otoño. El joven era feliz ante la fidelidad de la muchacha; pero al final la audacia de ella y su indiferencia ante el peligro de ser descubierta o de ahogarse en el agua, tan usual en la joven, levanto del torrero una punzante sospecha. Así, empezó a preguntarse si la joven sería un ser humano, un dragón hembra o un ogro en forma de mujer. Al fin decidió comprobar si la muchacha podría encontrar el camino sin la luz del faro. Como de costumbre, aquella noche la joven surcó las aguas del lago en su barca, pero cuando la luz del faro se apagó quedo desorientada. Comenzó a remar desordenadamente, sin saber dónde estaba. Por último se desesperó y pensó que su amado le era infiel. En su pena y su terror, le maldijo, a sí misma y también al mundo. Tan pronto como el cuerpo de la desdichada joven desapareció en el agua, sopló un furioso huracán. La tempestad rugió toda la noche. Al amanecer, la torre del faro con su cuidador habían desaparecido tragados por el agua.

Desde entonces, todos los años, en el mismo día, un cierto día del octavo mes lunar ruge una tempestad sobre el lago. Sopla desde la cadena de las montañas Hira, donde vivía la infortunada joven y por eso la llaman Montaña del huracán Hira.

martes, 18 de septiembre de 2007

Eástre, la diosa de la primavera



La diosa sajona Eástre, u Ostara, diosa de la primavera, cuyo nombre ha sobrevivido en la palabra inglesa Easter(Pascua), es también idéntica a Frigga, pues también ella fue considerada como la diosa de la tierra, o más bien de la resurrección de la naturaleza tras su prolongada muerte durante el invierno. Esta indulgente diosa también fue muy querida por los antiguos teutones, tanto que incluso después de la introducción del cristianismo guardaban un recuerdo tan agradable de ella que rehusaron degradarla a la categoría de demonio, como muchas de sus otras divinidades, y le dieron su nombre a la gran festividad cristiana. Durante mucho tiempo fue costumbre celebrar este día con el intercambio de huevos coloreados, pues el huevo representa el comienzo de la vida, por lo que los primeros cristianos continuaron con este hábito, declarando, sin embargo, que el huevo era también simbólico de la resurrección. En varias regiones de Alemania se pueden ver todavía altares de piedra, conocidos como Easter-stones(piedras de pascuas), pues habían sido dedicados a la hermosa diosa Ostara. Los jóvenes los coronaban con flores y danzaban alegremente a su alrededor, a la luz de grandes hogueras, una especie de juego popular practicado hasta la mitad del presente siglo, a pesar de las denuncias de los sacerdotes y de edictos repetidamente en su contra.